
Si hay un movimiento artístico en el panorama internacional que caracterizan las artes plásticas de finales del siglo XX, ese fue el movimiento que protagonizó una de las exposiciones colectivas más visitadas de la Historia del Arte. Fue allá por 1968 cuando, en Méjico, artistas de distintas generaciones y horizontes culturales diferentes se plantearon transformar formal o políticamente el sentido de producir arte. Para los que nos dedicamos a la enseñanza de la Historia, es el mejor ejemplo de explicar lo que sucede en el Estado español a finales de la Dictadura y comienzos de la Transición Democrática. Los artistas participantes eran artistas en desacuerdo con los usos tradicionales del arte y autocríticos de sus propias prácticas, que interpelaban a la legitimidad de los soportes tradicionales, las funciones históricas del arte y los abusos de la iconografía.
Quizás en Telde, en nuestra ciudad, se esté dando en el presente una nueva era de la discrepancia en estos momentos similares en la forma a la que se vivió en Méjico y también en España en otras épocas. Por fortuna, en esta nueva era disponemos de nuevos soportes para poder expresar diferentes ideas frente a esa utopía de la que adolecemos en muchos casos. Sectarismo y degradación de una política carente de ideología es lo que caracteriza a algunos grupos políticos dispuestos a plantar una “guerra” a alguien que aboga por la sana discrepancia en lo político. Lo encontramos también en nuevos soportes digitales como las redes sociales.
Qué mejor “arma” que la discrepancia frente a la manipulación, al sectarismo y a la degradación que se practica en nuestro municipio desde hace más de veinte años. Igual que en Méjico, debemos convertirnos en artistas de la política en desacuerdo con lo autodenominado por algunos como legítimamente representantes de una ciudadanía que no les corresponde. Para que nos entendamos, es recoger aquello de los amantes del Renacimiento, donde se amaba sin ser amado. Y esto es justamente lo que parece que le ocurre a buena parte de nuestra clase política donde, anclada en ese pasado irreconciliable, se aprovechan de la ignorancia de muchos otros. Es normal encontrar entre los dictadores históricos acólitos que mantenían en el poder a toda costa ese sentimiento de pertenencia al gobernante, sin saber o pensar que la discrepancia era el arte del buen entendimiento entre los iguales.
La era de la discrepancia llega, por tanto, a Telde, comprometiéndose con mostrar un conjunto de nuevas aportaciones con una actitud política e ideológica diferenciada y que rechaza las normas oficiales de este gobierno municipal, elaborada y presentada mediante artículos y reflexiones en los medios digitales y en las redes sociales.
Sólo hay una forma de desprestigiar la discrepancia, y esta es a través del sectarismo que nace a partir de la producción del pensamiento único de los que nos gobiernan. Pero no, hemos llegado a un punto que no tiene vuelta atrás, desde una formación política como Coalición Canaria de Telde, el disenso implica para nosotros la posibilidad de disentir con los que ejercen el poder sin quedar por ello fuera del sistema sino, por el contrario, siendo reconocido como parte necesaria del mismo. Y esa legitimidad con la que se jactan muchos y muchas en nuestra ciudad implica consenso, y consenso implica en ocasiones homogeneidad ideológica y política cuando el destinatario es la ciudadanía en su conjunto. De lo contrario, aparece entonces el pensamiento único, traducido en múltiples comentarios de despecho y de ataque continuado contra el que expresa sus opiniones. Tenemos claro que en Coalición Canaria de Telde la opción democrática se sustenta sobre las "reglas básicas del juego democrático", sobre las instituciones creadas para disciplinar los conflictos y proteger los derechos y libertades de la ciudadanía, pudiendo haber disenso, y por tanto, posibilidad de cambio, sin crear alarmismos sobre todo el resto, sin que sea cuestionada por ello la legitimidad democrática, sino por el contrario, exaltada en la medida en que ese disenso tiene vigencia efectiva. Dicho todo esto, y desde la sana discrepancia y el disenso, mi saludo afectuoso para con la legítima representante de la educación en nuestra ciudad, la Concejala de Educación, Carmen Hernández Jorge.
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