
La verdad que me cuesta titular esta reflexión con un término totalmente ajeno a mis pretensiones, advirtiendo a los oyentes que huyo de cualquier motivo que incite a la guerra. Quizás sea la terminología usada en Euskadi al referirnos al izado de banderas de uno u otro color político durante las fiestas de las principales capitales de los territorios vascos. En Vitoria-Gasteiz, con las fiestas de la Blanca y bajada del Celedón acompañado de puro y paraguas, la Semana Grande donostiarra, y como no, la que más repercusión mediática tiene, la Aste Nagusia bilbaína. Incluso en el “txupinazo” pamplonés lanzado por la nacionalista Uxue Barkos de las recién estrenadas fiestas de Sanfermines. Nunca llegamos a pensar lo que puede significar un símbolo tan extraordinario como un trozo de tela coloreado o no, con distribución de franjas verticales u horizontales. O no, como lo pueda ser la enseña de la bandera de la paz, un trozo de tela blanco inmaculado.
Acercándonos a la historia, encontramos ya banderas en sociedades de la Edad Antigua, como la Civilización egipcia o la de las doce tribus de Israel. Griegos y romanos las usaron también, no sólo como símbolo de cada una de las ciudades-estado, sino con la aparición del águila imperial romano, muy utilizado en el mundo contemporáneo por las ansias imperialistas de los fascismos europeos. Y en la Edad Moderna, con el nacimiento de los nuevos estados europeos aparecían como enseñas que usaban las dinastías monárquicas. En el caso de la española, creada en tempos de Carlos III, se decide por la utilización del rojo y el amarillo, colores de la enseña aragonesa, para otros, catalana y para otros, del Reino de Nápoles, sustituyendo así a la blanca con la flor de lis usada por los borbones, pero había que marcar la diferencia con Francia, reinada también por los mismos borbones.
Con todo, nadie podrá ocultar, y si así lo hiciera hablaríamos de demagogia, que desde el momento en que el hombre se agrupó en comunidades, sintió la necesidad de elegir algún signo que le distinguiese de las demás sociedades. Y así ha sucedido, sintiendo unas u otras simpatías por una u otra bandera. Los problemas surgen cuando no existe el consenso social por una u otra como símbolos inherentes a una comunidad o grupo en concreto. Y así lo vemos en comunidades donde el componente nacionalista es notorio, como es el caso de Catalunya o Euskadi, o en el caso de Canarias, con la bandera tricolor de las siete estrellas verdes surgida en 1961, como una fusión de otras banderas, y que hoy usan la práctica totalidad de grupos políticos nacionalistas, e incluso federalistas como Izquierda Unida Canaria. Y no digamos cuando ni en el mismo estado español existe el consenso suficiente para optar por la bandera republicana o no.
También las banderas son usadas por numerosos grupos sociales como enseñas que les identifican. Es el caso del Movimiento social de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB). Y menuda la que han armado muchos “predicadores” de medios de comunicación con el izado de la bandera del arco iris en la Iglesia de La Garita, Telde. Se ha abierto el debate sobre el uso de esta bandera representativa de un colectivo que reivindica legítimamente sus derechos, tan menguados a lo largo de su existencia. ¡Y nada más y nada menos que en un templo de la Iglesia Católica! Digo esto por la testarudez de muchos católicos españoles frente a lo que es hoy una realidad, el reconocimiento de los derechos civiles de una comunidad tan maltratada en la historia como es la comunidad LGTB.
Lo más llamativo es que aparezcan cristianos contrarios a este tipo de gestos, cuando es la misma Iglesia de Canarias, a través de su Diócesis con Monseñor Francisco Cases al frente, la que entre sus directrices pastorales, y a través de su lema “La Iglesia + cerca de ti”, habla de abrir las puertas de las iglesias a los no creyentes, a los inmigrantes, a las personas con discapacidad, a los jóvenes, a los mayores, y por supuesto, a los homosexuales. Así lo dice Mons. Cases en su carta pastoral “La Fe se fortalece dándola”. Y esto es lo que hace Francisco Bello en La Garita, fortaleciendo la Fe, incluso la Fe del colectivo LGTB con el simple gesto del izado de la bandera multicolor, gesto solidario en un día de los trescientos sesenta y cinco días que tiene el año. Recuerdo en unas líneas las palabras de Mons. Cases cuando nos dice que “En la falta de dinamismo misionero de algunos grupos y comunidades cristianes, en la falta de coraje evangelizador de algunas o muchas comunidades, en nuestros miedos e indecisiones, lo que está en juego, lo que se pone en evidencia, puede ser la falta de convencimiento, de autenticidad, de vitalidad cristiana,…la falta de Espíritu”. Por tanto, nos encontramos con un cura dinámico, con coraje, auténtico, vital, sin miedos y convencido de lo que dice y hace. Es la Luz de la fe la que lo acompaña.
A modo de conclusión, y volviendo a la introducción de esta cuestión con la famosa “guerra” de banderas en Euskadi, y de forma anecdótica, pero real, me solidarizo y hago mía la apuesta de la concejala donostiarra de Izquierda Unida-Aralar, Duñike Agirrezabalaga, cuando dijo que para evitar los conflictos en las fiestas de la ciudad del Urumea, se ice la bandera del arco iris, bandera que ahonda en la pluralidad y en la sensibilidad de la ciudad donostiarra, evitando así todo atisbo de crispación. Por cierto…,¿no fue el alcalde Zerolo el que izó la bandera del arco iris en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife?
2 comentarios:
Quisiera hacer unas precisiones y unos comentarios:
a) La bandera roja y gualda se adoptó, tras muchas propuestas, por ser la que mayor visibilidad tenía en la mar, como enseña de los barcos de guerra que los distinguían de los enemigos y, por lo tanto, nada tiene que ver con los colores del Reino de Aragón.
b) Cataluña, en el caso de la bandera, no pinta nada pues siempre fue un Condado de la Corona y Reino de Aragón, que incluía Baleares y Nápoles y tenía fuertes vínculos con el Reino de Valencia. Por eso la bandera catalana tomo prestados los colores de las aragonesa y no al revés como pretenden los falsificadores de la historia.
c) En cuanto al asunto de La Garita, no me parece un acercamiento a ningún grupo sino llana y simplemente una provocación similar a la que pretendió Bello cuando izó la bandera independentista.
d) Una cosa es que la Iglesia o el Estado se acerquen a los individuos y otra cosa bien distinta es que se acepte su filosofía. Una cosa es compadecer al delincuente y otra bien distinta es aceptar el delito como bueno. Una cosa es compadecerse de un pederasta y otra bien distinta es aceptar como admisible la pederastia. Se resume en aquella frase: “compadece al delincuente pero odia el delito”.
e) La llamada por el PSOE y su grupo mediático “guerra de las banderas” va mucho más allá de cómo parece traslucirse en el texto, pelear por trapo coloreado. Eso sería minusvalorar la inteligencia de los lectores. Es la lucha del nacionalismo excluyente que pretende falsificar la historia en su beneficio propio. Ni siquiera del “pueblo” sino de la nomenclatura dirigente. Aceptar tan sólo la trampa de renunciar a las ideas y a los símbolos es perder la guerra de antemano, siguiendo la máxima que parece imperar hoy en España: dos no pelean si uno se rinde, o lo que es lo mismo la filosofía de la rendición preventiva. Y que esos nacionalismos son excluyentes lo pone de manifiesto que no aceptan que hayan personas que no se sientan nacionalistas. Nunca he visto que no se quiera colocar la bandera de Euskadi, Cataluña, Galicia, Andalucía, Valencia o Canaria junto a la Bandera Nacional (que representa al Estado y no al Gobierno, por cierto), pero con frecuencia sí sucede al contrario. Por eso afirmo que esos nacionalismos son excluyentes y totalitarios. Otro ejemplo lo tenemos en estos días con el movimiento de intelectuales pidiendo que en toda España se pueda estudiar en español ¿puede explicar eso alguien a cualquier otro europeo o americano?
MIREN ESTE PEKEÑO GRAN DISCURSO DE UN CANARIO QUE DICE LO QUE SIENTE NO SE LO PIERDAN
http://es.youtube.com/watch?v=lfHju0ikkBM
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